Descubriendo Skógafoss-Seljalandsfoss. Día 7.

Amanecía otro nuevo dia en Islandia. Si la noche de ayer fue una pasada este dia que

teniamos por delante no pintaba nada mal.

Empezábamos a recorrer el famoso Círculo Dorado de Islandia.

Pero antes de nada iríamos a ver amanecer a la playa.

Nuestro hotel se encontraba a poca distancia.

Tomamos el desvío 215 desde la carretera principal para llegar a la playa Reynisfjara.

El dia hoy amaneció más gris que de costumbre, incluso nos empezó a llover al llegar a la playa.

Esperamos un poco dentro del coche pero al final decidimos estrenar nuestros chubasqueros,

y sacarlos un poco a que ellos también conocieran Islandia.

Qué decir de esta playa.

La palabras son pocas para definirla.

Hemos visto playas paradisíacas, pero esta playa de arena negra es simplemente maravillosa.

Con sus peligrosas olas que pintan la orilla de blanco, donde por un momento crees que los colores han desaparecido, porque sólo puedes ver en escala de grises.

En el extremo de la izquierda podréis ver la cueva Hálsanefshellir  cuyas paredes están formadas de columnas de basalto.

Son como las que habíamos visto ayer en Svartifoss

Y a la derecha, dentro del mar puedes ver Reynisdrangur, que son un conjunto de farallones emergentes del océano.

Existe un paseo desde el extremo oeste de Vík para llegar a lo más alto de la cresta de Reynisfjall, donde dicen que hay unas vistas magníficas.

 

Reynisfjara Beach

 

En esta playa ya empezamos a ver bastante más gente que en el resto de nuestro viaje.

Se notaba que este ya era un punto perteneciente al Círculo Dorado, pero el lugar, aun con gente merece una visita.

Solo oír el rugido del mar y mirar a los lados y verlo todo de color gris, eso fue único en Islandia.

Os recomendamos hacer una parada en esta playa.

Seguimos nuestra ruta tras la primera parada del día.

Volvemos sobre nuestros pasos hasta llegar a la carretera 1 para poco después tomar la 218.

Nuestro primer destino fue el mirador de la playa Kirkjufjara, desde donde hay unas preciosas vistas de la playa anterior.

Desde aquí podréis ver el mar y la montaña, en pocos metros, con vuestros propios ojos, con esa playa de arena negra tan solitaria que incluso hay momentos que da un poco de respeto.

Kirkjufjara beach

Menudas vistas desde este lugar.

Y desde la izquierda será desde donde veras la playa Kirkjufjara, existe una pequeña bajada cerca del mirador, nosotros no bajamos porque estaba marea alta y con oleaje.

Hay que ser conscientes de que el mar algo peligroso, la fuerza que tiene el mar es inimaginable, puede venir una  ola y llevarte mar adentro sin tan siquiera enterarse, y por mucho que tú quieras luchar contra él, siempre será más fuerte que tú.

Recuerda todo esto cuando vallas y quieras hacerte una foto, hay que tener sentido común.

De hecho en la playa anterior (es más visitada) en la entrada hay un cartel que lo dice claramente, “turistas muertos recientemente”

Aquí arriba como puedes comprobar en la , una formación rocosa de unos 120 meros de longitud muy conocida en la costa sur de Islandia.

Este lugar es una reserva natural rica en aves, incluido frailecillos.

Si la visitas en epoca de cria (15 mayo- 25 junio) puede que la encuentres cerrada.

Nosotros pusimos rumbo inmediatamente hasta su faro, desde donde el arco de piedra de Dyrhólaey se ve perfectamente, casi podríamos decir que lo puedes tocar.

Este faro consta de un edificio principal, una torre cuadrada, a los lados de la torre hay unas estancias habilitadas para el cuidador del faro.

El faro está coronado por una enorme linterna roja que emite luz intermitente cada 10 segundos.

Este faro está en activo, la altura de su torre es de 13 metros y el plano focal de 118 metros.

Desde este punto hay una preciosa ventana a otra magnífica playa Sólheimasandur.

En esta playa se encuentra el avión de la Marina de EEUU que tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia.

Los restos del Douglas DC-3 siguen en la playa.

Actualmente la carretera está cerrada por el mal uso de los visitantes, hay que ir andando desde el aparcamiento.

Estar allí arriba, desde donde sientes como el viento casi no te deja respirar ni caminar y poder ver esa llanura de arena negra y justo a la izquierda el mar, que pedazo de vistas hay desde aquí.

Sin ninguna duda un mirador recomendable.

Minutos después nos montamos en nuestro coche para despedirnos de este maravilloso mirador al sur de Islandia donde se junta el mar con la arena volcánica.

Tras el frío que empezamos a sentir porque el aire hace que la sensación térmica empiece a bajar cada vez más emprendemos camino a un lugar al que le tenía bastantes ganas desde que lo descubrí mientras trazaba la ruta.

Se llama Sólheimajökull

Una de las lenguas glaciares más accesibles para visitar y poder tocar e incluso caminar.

Es un lugar muy visitado por la cantidad de excursiones que se realizan en el.

Mientras conducís por la carretera 1 deberéis de tomar el desvío 221, y a poco menos de 4,5 Km encontrareis en aparcamiento.

El día que ví este glaciar por fotos mientras montaba la ruta dije que allí quería estar yo, que allí queria poner mis pies.

Vamos que no podía irme de Islandia sin ver esa maravilla que la naturaleza estaba creando.

Un glaciar a escasos metros de mi, el cual podría llegar a él, tocarlo.

Ese glaciar negro (como asi lo llamo yo) no podia quitarmelo de la cabeza.

Nosotros por nuestra limitación de tiempo no realizamos ninguna excursión.

Nos limitamos a llegar a donde empieza el glaciar, y allí disfrutar un poco de la inmensidad del lugar.

Aquel glaciar helado cubierto de ceniza de volcán, puede haber el el mundo algo mas alucinante.

Así es Islandia, Hielo y Fuego.

Y nada más salir del coche empezó a llover, pero sinceramente me dio igual.

Hacia frio, mis pantalones empezaban a estar empapados, pero jamas estaría a escasos metros de un glaciar.

Jamás estaría en un lugar así.

Otro lugar de Islandia que parece de mentira, o por lo menos para mi.

Un lugar salvaje que te deja sin aliento.

Que se graba en tu retina, que te nubla el pensamiento.

Que te dice ven a verme, olvidate de todo lo que pasa a tu alrededor y disfruta de este momento.

 

Islandia en blanco y negro.

Tras deleitarnos con este paisaje volvimos a nuestro coche, no sin varias veces volver la vista atrás para no olvidarme nunca de esto.

Empezábamos a sentir muchisimo frio, tambien empezaba a llover.

Decidimos hacer un descanso y como siempre sacar nuestros bocadillos, era la hora de comer.

Encendimos la calefacción a todo lo que daba, cominos mientras charlabamos y para finalizar sacamos nuestro termo con agua caliente para hacernos un cafe.

Teníamos que entrar en calor, aún faltaban varias cosas por ver, y no nos la podíamos perder.

Era el momento de ver las cascadas.

Tomamos la carretera y pusimos rumbo a Skógafoss.

Cuando llegamos a Skógafoss parecía de mentira.

Una cascada casi escondida por las montañas que la rodean, esas mismas que le traen el caudal

y hacen que ese salto sea tan espectacular.

Esta cascada tiene un parking justo al lado, no hay nada que pagar.

Y como habíamos venido a Islandia a disfrutar de todo lo que este país tenía, salimos de nuestro coche, nos pusimos el chubasquero, y nos acercamos a sentir la cascada tan cerca nuestra como pudimos.

He de decir que solo nos falto meternos dentro de ella.

Estábamos justo en la esquina más cerquita escuchando ese estruendo que hace el agua al llegar al suelo.

Imaginaros cómo suenan.

Como era de esperar nos pusimos de agua hasta las cejas.

El frío empezaba a sentirse cada vez más.

Estábamos mojados y el aire no ayudaba en nada.

Con todo esto y aprovechando que esta parada tiene un hotel justo al lado decidimos tomarnos un

café, ir al servicio y sobre todo entrar un poco en calor.

 

Arcoiris en Skógafoss.

Skógafoss

Skógafoss

Nos separaban 30 Km de la próxima cascada Seljalandsfoss.

Esta cascada es otra de las mas visitadas del país, y nosotros claro está no íbamos a perder la oportunidad de conocerla.

Al llegar al destino esta cascada también consta de parking, este de pago.

El parquímetro está justo antes de salir de él.

En este parking también encontraréis algunas furgonetas que  hacen a la vez de bar ofreciendo bocadillos y refrescos.

Seguía lloviendo, con lo cual nos enfundamos nuestros chubasqueros y salimos a conocer a esa

belleza islandesa que nos estaba esperando Seljalandsfoss.

Nos colocamos frente a ella para una primera toma de contacto, y ya estábamos boquiabiertos.

Y como no también la visitamos por detrás.

Este momento fue una maravilla, estar justo detrás de esa majestuosidad viendo y oyendo cómo cae

el agua, y como no poniéndote pingando, pero no importaba, el simple hecho de estar allí hacía que todo se olvidase, que el frío desapareciera.

Y para los que no lo sabéis justo por el camino de la izquierda si lo seguis llegáis a otra cascada escondida, hay que meterse un poco dentro para poder verla.

Claro está que no es tan impresionante como Seljalandsfoss, pero estás allí mismo a escasos 30 metros y perdersela es un delito.

 

Skógafoss-Seljalandsfoss algo alucinante.

Gluggafoss esta cascada se encuentra a menos de 20 Km de la gran Seljalandsfoss, teneis que meteros un poco por una carretera de grava, la cual no tiene ningún problema, salvo los charcos que hay que dejan el coche lleno de barro.

Esta cascada la encontré por casualidad cuando planificaba la ruta, y como nos quedaba de camino la incluimos.

Estábamos un poco a contrarreloj en el momento de ir a verla, empezaba a oscurecer, y si no

llegabamos con algo de luz no veríamos nada.

Tengo que decir que fue un gran acierto, después de estar todo el dia rodeados de gente en las

visitas al llegar a esta cascada y estar completamente solos lo agradecimos un montón.

Poder escucharla tranquilamente y disfrutar de ella desde cada rincón hizo que nos llevásemos un

buen recuerdo de ella.

Claro está que no tiene nada que ver con las dos anteriores, pero las cositas pequeñas y simples también son muy bonitas.

Gluggafoss

 

Gluggafoss

Teníamos muchísimas ganas de llegar hasta este hotel, en el teníamos esperándonos un precioso jacuzzi con agua calentita para nosotros.

Con el frío que habíamos pasado hoy estaba claro que ese sería un buen momento.

Y qué decir si lo fue, y más cuando en el cielo empezamos a ver unas luces que empezaban a bailar y poco a poco a deleitarnos con sus movimientos.

Este día no fueron tan intensas como el día anterior, pero fue otro momento que no olvidaremos.

Y así con este regalo nos iríamos a la cama a seguir soñando con ellas y agradeciendo que al fin las hayamos visto.

Broche final perfecto.

Aurora boreal Islandia

 

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